La historia de
Vil·la Carme
Vil·la Carme nace de un anhelo tan sencillo como poderoso: devolverle al huevo el sabor de antes.
Ese que te transporta a la infancia, cuando el único deber del día era ir al gallinero y descubrir que las gallinas ya habían obrado su magia.
“Queríamos que la gente volviera a saborear un huevo como los de antes, con textura y sabor que te lleven a casa de tu abuela.”
Silvia
El proyecto toma forma con una convicción firme: criar gallinas ponedoras en un entorno natural, respetando sus ritmos, su espacio y sus necesidades fisiológicas.
Un modelo de producción que pone en el centro el bienestar animal, como se hacía antes, con sentido común y con cariño.
La vida nos dio el empujón
La chispa que lo encendió todo prendió durante la pandemia, ese momento en que la vida se reveló frágil, incierta, finísima. Silvia y Josep lo tuvieron claro.
“La vida pende de un hilo. Un día estás, y al siguiente… quién sabe. Por eso había que abrocharse el cinturón y echar a volar.”
Josep
Y juntos volaron. Decidieron dejar atrás trabajos que no se ajustaban a sus valores ni a su forma de entender la vida.
Se lanzaron al campo con lo que tenían: ilusión, principios y muchas ganas de hacer las cosas con sentido.
Un día en Vil·la Carme
El día en Vil·la Carme empieza sin prisas, pero con propósito. No hay jefes, ni relojes, ni oficinas: hay gallinas, huerta, barro, tiempo, y verdad.
La primera tarea es asegurarse de que todos los animales están bien. Si todo está en orden, Silvia se va al mercado con los productos recién recogidos.
Mientras tanto, en la granja Josep continúa la rutina: cuidar la huerta, limpiar instalaciones, atender a las gallinas, escuchar al campo.

“Somos dueños de nuestro trabajo y de nuestro tiempo. Eso es importante para ser feliz.”
Silvia




El mercado y la gente
El 8 de febrero de 2024 abrieron su primera parada en el mercado. Lo recuerdan como como un hito y con mucho cariño.
“Ese día supimos que nuestro sueño de ofrecer una alimentación más saludable a las personas empezaba a hacerse realidad.”
Silvia
El trato cara a cara con los clientes se volvió esencial. Escuchar lo que necesitan, contarles cómo trabajan, compartir con ellos el valor de un huevo bien hecho.
No hay mejor certificado que una conversación sincera entre productor y consumidor.
El huevo hasta tu puerta
Detectaron algo muy claro: no todo el mundo podía desplazarse al mercado.
Por eso, decidieron ir ellos al hogar de quienes sí querían consumir mejor, pero no siempre podían.
Y fue así como la entrega a domicilio se convirtió en una extensión del proyecto. Una forma de hacerlo crecer sin perder lo esencial.
De hecho, hay quien les reconoce por la calle y les anima a seguir. Eso, dicen, ya es “una gran anécdota”.

“Al llevar el producto a domicilio, todos ganamos: ellos reciben calidad y nosotros llegamos a más gente.”
Josep
Soñar desde la tierra
Vil·la Carme es, ante todo, un acto de fe. Fe en la tierra, en la gente, en los valores.
“Nunca es tarde para cumplir un sueño. El nuestro tenía que tener valores, verdad y raíces.”
Silvia
Viven con la firme intención de demostrar que aún se puede vivir del campo sin renunciar a una vida con sentido. Que sentirse libre empieza por ser coherente con lo que uno hace cada día.

“Si no te sientes libre en tu trabajo, es hora de ponerte las pilas y empezar a escribir tu sueño.”
Josep
El futuro que cultivan y la venta online
Cuando piensan en lo que viene, se imaginan llegando a más personas con su historia y sus huevos, con su manera de trabajar y entender la vida.
Quieren que otros emprendedores que aún dudan encuentren en su ejemplo una chispa.
“El campo no está perdido si uno cree en él.”
Silvia y Josep
Porque lo dicen siempre, y lo sienten de verdad: más allá de vender huevos, ahora también online, quieren compartir su ilusión, sus ganas, su pasión.
Y hacer llegar a muchas casas productos que no sólo alimenten el cuerpo, sino también el alma.